Autodidacta por naturaleza, recibió de su padre
Héctor Alberto Bonilla los impulsos necesarios para
transitar por este largo y satisfactorio camino en el que
siempre hay una nueva puerta por abrir. Comenzando
a temprana edad (9 años) a utilizar materiales como
los esmaltes sintéticos, intentando plasmar en paredes
personajes irreales de las tiras cómicas.
Fue dentro de la misma familia como la pintura fue
llenando su vida, su primo Ivo la introduce al mundo
del óleo a los 13 años y así al arte renacentista.
A los 18 años de la mano de Nelly Turán inicia la apertura
del arte aplicado: la decoración, las pátinas, el tallado,
y todo un abanico de conocimiento siempre en aumento.
Teniendo al Óleo como elemento esencial en todo su trabajo.
Su mayor preocupación es caminar siempre en busca de algo mejor, algo más. Esas cosas que desbordan la belleza, la profundidad y anchura de lo percibido por los sentidos, que llenarán esos espacios libres con los que han sido dotados algunos espíritus creativos.
Comienzan así una larga lista de seminarios y cursos relacionados siempre con un mismo tema: perfeccionar su don.
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